La única destugurización y renovación urbana duradera es la que promueva la propiedad entre los moradores de casas renovadas en sus barrios. Capitalizarlos de este modo significa incluir legal y financieramente a millones de familias, brindarles una nueva ciudadanía económica y hacer que la ciudad antigua recobre vida. ELIS impulsa el empoderamiento de los moradores antiguos, estimulándolos y capitalizándolos mediante los derechos de propiedad de las futuras casas que ahi se construyan.

EL INEVITABLE FIN DE LOS TUGURIOS
El proyecto Rímac Renace participó en el reciente Foro Mundial Urbano 7 de Medellín con la misión de demostrar que la densificación urbana, es decir la agregacion de personas, familias, empresas, actividades y usos urbanos, en vez de la expansión horizontal, eran beneficiosos para la renovación urbana de los espacios tugurizados como el Rímac histórico o Barrios Altos, o el de tantas ciudades con tugurios en el mundo: El Cairo, Salvador, Cusco, Estambul, Recife, Buenos Aires, Rio, etc.
 
La tesis es muy clara: la ciudad se hace viable y vivible si donde residen las personas, sus lugares de estudio, sus trabajos o sus espacios de paseo y culturizacion están más a la mano. Menos contaminación y estrés por menor necesidad de transportarse de un extremo a otro. Menos costo en tendidos y redes de servicios básicos gracias a lo mismo. Esta tesis funcionará siempre que, como lo defendemos en ELIS, pueda desprecarizarse la propiedad en los centros históricos, es decir se reconstruya el tejido jurídico de los derechos de propiedad con la salida de los actuales tenedores de títulos (por la vía de la tranferencia, expropiación o declaración de abandono), y el ingreso en su lugar de dos grupos humanos básicos: los residentes actuales en calidad de propietarios legales y efectivos de una parte de las futuras viviendas, y los nuevos propietarios o inquilinos que lleguen fruto de la gentrificación a acontecer gracias a la inversión, densificación y adecuada gestión del proceso.  Por eso si se sigue esta regla, el fin de los tugurios es inevitable.
 
Las ciudades son espacios de aproximación y agregación humana. El mayor o menor valor que sus barrios poseen siempre está ligado a cómo se organiza esa aproximación. De ahí que el arte de componer una ciudad no se limita a factores estéticos o de forma, sino prioritariamente jurídicos, esto es, de gestión y comprensión de las reglas de funcionamiento vigentes en ellos. Si las reglas permiten garantizar la coexistencia armónica de espacios privados con públicos, por ejemplo viviendas con parques (evidentemente espacios privados pueden ser mucho mas complejos: oficinas, comercio, y espacios públicos también: calles, edificios públicos, etc.) es altamente probable que esos barrios puedan albergar espacios mas valiosos que aquellos donde los riesgos de confundir lo privado con lo público añaden peligro, imprevisión y en consecuencia menos atractivo para asentarse con planes de largo aliento.
   
En los tugurios la confusión de lo público con lo privado es total. Nada le pertenece a nadie con claridad. Los propietarios de los títulos no son capaces siquiera de ingresar a sus predios porque en muchos casos, en el colmo de la dejadez, ni saben dónde están ni en qué condiciones. Los han abandonado. Además, varias congregaciones, universidades y la propia Beneficencia, en teoría titulares de la propiedad, “administran” casas derruidas y colapsadas y no mantienen la menor relación humana (menos jurídica) con los residentes.  Los posesionarios en su mayoría han nacido ahí y recibido la tenencia de manos de sus padres o abuelos, los porimeros inquilinos, y dejaron de sostener relación con los dueños a falta de estos. Actúan como dueños muchas veces ante los otros residentes del barrio pero cuando quieren emprende de mlodo decidido la renovación de los callejones se enfrentan con la autoridad municipal que se lo impide por la esencial razón de carecer de títulos.
 
 
Horacio Gago Prialé 
 
Presidente de ELIS